El Ermitaño y La Bailarina || Cuentos Terapéuticos




Nadie entendió muy bien como llegó el ermitaño a esos terrenos llenos de parafernalia y plumas. Algunos suponen que el viejo tenia sed de algún trago desconocido y otros más osados han referido tal milagro a la divina providencia o a los deseos mas íntimos de la bailarina que cansada de tantas plumas buscaba alguna barba de anciano para oler. Lo cierto es que la bailarina clavó sus ojos en el viejo porque la imagen era demasiado misteriosa para que ella envuelta en su bisutería y brillo pudiese obviarla. Por un momento pensó que la extraña apariencia de él era tan extraña como la de ella misma disfrazada de fiesta y noche eterna. 

De repente el viejo se puso a hablar con algunas personas del bar que estupefactos oían y fluían con el momento surrealista, creyendo que estaban en presencia de un espectro o fantasma venido de otras dimensiones. De alguna extraña forma el viejo había llegado ahí empujado por un destino inescrutable del cual el mismo era testigo ya hace años, cuando aún no llevaba su túnica ni esos zapatos tan gastados como su corazón. El viejo hablaba suave y miraba a los ojos con una profundidad lejana como de otros mundos u otros tiempos. Mientras tanto la bailarina miraba desde lejos la magnética apariencia del viejo. Se vio a sí misma proyectada a la niñez y a sus recuerdos, sintiéndose acompañada por alguien al que ni siquiera conocía ¿Que era lo que ella veía en el ermitaño? ¿Porqué al mirarle sentía esa paz y tranquilidad que ninguno de sus amores había sabido entregar? ¿En que lugar del universo se podría haber visto una conexión tan extraña y sublime entre una bella bailarina envuelta en plumas y un viejo ermitaño gastado como el mas viejo roble de la tierra?

Ella se acercó a la barra mirando de reojo al viejo. Él sabía que ella estaba más cerca e incluso antes de entrar al bar supo que ella era el motivo por el cual estaba allí. El instinto le había enseñado hace años que la estrella alojada en su entrecejo habría de entregarle la respuesta al secreto que buscaba, el descanso de su alma que ahora lentamente comenzaba a sentir. Ningún músculo del viejo se movió. Como una piedra siguió conversando con los presentes pero sabiendo, oliendo e impregnándose de la bella presencia de la bailarina que ahora le miraba más cerca. 

Tanto miedo acumulado en ellos, tanto camino recorrido para alejarse de si mismos. Uno medio loco y la otra también. Uno lleno de profundidad y la otra llena de la nada sublime. A la distancia nadie hubiera creído que eran compatibles sin embargo en sus almas fácilmente se podía comprobar que eran el uno para el otro. Ellos mismos no lo entendían. Simplemente se miraban, oían y quedaban estupefactos.

Cuando el amanecer amontonaba a borrachos en la barra el dueño del bar anunció que cerraría y todos los presentes envueltos en el insomnio de la noche comenzaron a caminar de forma errática hacia la salida. De repente el viejo ermitaño se fue quedando solo, delante de un vaso vacío que resplandecía con la luz tenue de la lampara que había colocado a un lado. Con todo el ajetreo la bailarina se logró acercar aún más y por arte de magia comenzó una de las conversaciones mas increíbles que se podría recordar en aquel bar. En aquel instante la bailarina pudo ver con detalle el rostro del hombre cansado. Vio unos ojos eternos y brillantes, cristalizados como dos grandes esferas que recorrían lentamente su cuerpo con ideas, sueños y esperanzas. El ermitaño pudo ver al detalle la explosiva belleza de la bailarina: una apariencia fiestera que le asustaba pero al mismo tiempo  le atraía. No era el tipo de mujer que encajaba con el estilo de vida que había cultivado durante largos años pero precisamente ese era el secreto: algo en ella le atraía con tanta fuerza y pasión que habría sido capaz de despojarse ahí mismo de su vieja túnica para vestirse de fiesta y bailar con ella la música mundana que siempre miró con distancia.

El encanto fue mutuo y ellos se negaban a desaparecer de sus vidas. La noche se hizo aún más larga y el dueño del bar decidió cerrar. Apagó las luces seguro de que la pareja no robaría nada porque vio en ellos una luz tan estupenda que le hizo sentir orgulloso de dejarlos allí. La pareja se quedó conversando hasta una hora que nadie recuerda y la única huella dejada por este suceso fue el resplandeciente brillo de los ojos de ambos cuando se dieron el primer beso que hizo estallar la realidad en plumas, soledades y profundas cavilaciones de vida y amor.

NOTA

Cuentos Terapéuticos es una sección abierta para todo tipo de relatos que permitan al lector revisar, analizar y cuestionar las verdades que conoce, dando matices o renovando su propia forma de mirar y sentir las cosas. Posicionándose en la vereda del rechazo, la aprobación o el insulso punto intermedio de aquellos que no se decantan. En rigor, cuentos para remover y para cuestionar.

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Carta de portada: El Ermitaño.
Baraja: Magical Spellcaster´s Tarot.
Diseñador: Scott Murphy.
Llewellyn Woldwide.  

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