Una pregunta clave: ¿Cada cuánto tiempo preguntar?



Muchas veces me han hecho esta pregunta al finalizar una sesión de tarot y la respuesta siempre suele ser la misma: el tiempo que tú estimes conveniente. Pero ¿Qué es conveniente? Lo que define el sentido común, creo yo.

Si te has quedado corto de tiempo y estás revisando un tema gordo que necesita mucho análisis lo mejor es que hagas sesiones de tarot separadas y sucesivas. Es más, mientras menos días se dejen entre una consulta y otra mejor ya que así el tema se mantiene fresco en la memoria y eso permite no perder el hilo de todo lo que se ha hablado en la sesión anterior. Ojo, que esto aplica solamente a casos en dónde el tema que te preocupa es realmente largo y no te alcanza una sesión de tarot para revisarlo completo. Si fuiste capaz de ver al completo el tema que te agobiaba y sientes que has quedado tranquilo y satisfecho con la lectura entonces puede que no te aparezcas durante meses por la consulta del tarotista y eso, si es que algún día vuelves a tener una duda que necesites revisar específicamente con las cartas. Si te fuiste satisfecho respecto a un tema específico pero a las dos semanas tienes otra duda respecto a un tema totalmente distinto al anterior, pues no hay problema en que te aparezcas por la consulta. Si te fijas, en estas tres situaciones lo que ha primado es el sentido común, sin darle muchas vueltas esotéricas al asunto. Al respecto es importante que sepas que no tienes ningún compromiso con el tarotista y el que hayas confiado en él una vez no significa que debas transformarte en un cliente habitual porque sí. Si algún día has de volver la idea es que lo hagas porque realmente lo sientes y porque algo en ti tiene la intuición de que es el momento, sin prisas ni obligación alguna. La clave es que entiendas que el único que debe ejercer el control y la regulación correspondiente para este tema eres tú.

Hasta aquí todo suena muy bonito y perfecto, en un mundo paradisiaco en dónde todos tenemos sentido común. Pero ¿Qué pasa cuando el consultante no tiene el criterio suficiente para darse cuenta que está abusando de las sesiones de tarot? Pues ese ya es un tema diferente. Primero hay que definir (también por sentido común) que sería un abuso y pensando un poquito puedo enumerar algunos ejemplos:

1- La persona repite consultas y en todas ellas siempre pregunta lo mismo.
2- La persona repite consulta porque la respuesta anterior no le gustó.
3- La persona repite consulta pero no sigue instrucciones anteriores.
4- La persona repite consulta pero no sabe qué preguntar (de verdad, esto sucede y yo mismo me pregunto a veces para qué ha venido la persona)

Estos son ejemplos a la rápida, que de seguro hay más y también podrían relacionarse a la falta de criterio. El ejemplo 1 es el más habitual y está muy relacionado a ejemplo 2, en dónde el consultante vive en un estado de ansiedad y rechazo a la verdad que pueden exponer las cartas, entonces intenta repetir consulta creyendo que el resultado puede cambiar lo que a la larga más que tranquilizarle le martiriza y pone más ansioso. El ejemplo 3 también es habitual y es cuando sesiones anteriores han dejado sugerencias e instrucciones pero el consultante no toma decisiones e intenta esquivar la responsabilidad que le compete en el asunto perdiendo el tiempo en sesiones que lo único que hacen es reforzar lo que ya sabe que debe hacer. El ejemplo 4 suena raro pero me ha pasado: cuando me doy cuenta que la persona no sabe qué preguntar intento ayudarle a saber qué quiere pero si pese a eso no hay duda alguna lo mejor es despedirse del consultante (sin hacer la consulta) y sugerirle que vaya a casa a dormir o relajarse. La clave en todos estos casos es que el tarotista de la alerta al consultante para que así este reflexione y observe cómo ha caído en una actitud que en vez de ayudarle podría perjudicarle o hacerle perder tiempo. Si el consultante totalmente enceguecido no entiende razones lo mejor es anular la sesión por una cuestión ética y de verdadera preocupación hacia él. Y ojo, que para darse cuenta de lo que le sucede al consultante el tarotista no necesita tener un master en psicología, solo necesita echar mano de su viejo amigo el sentido común. 

Vamos, que no tiene mucha ciencia el asunto.
Todo es cuestión de intuición y conciencia.







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