Miedo a contagiarse de ideas distintas || Espiritualidad.




En las últimas semanas me ha dado por mirar con lupa un comportamiento social que veo no solo en las redes sociales sino en la vida cotidiana. Un comportamiento que yo llamaría miedo a contagiarse de ideas distintas, que consiste en una especie de fobia a oir o leer perspectivas distintas sobre la verdad inalterable que muchas personas construyen sobre sus vidas y sobre el mundo en general. En el saco entran personas de todo tipo, desde el fanático del Tarot hasta el fanático de la astrología (en el ámbito más esotérico); pero también los hay en otros ámbitos, como el fanático de los automóviles que cree saber a la perfección cuales son los mejores y peores y ¡ay de ti!  si intentas llevarle la contraria porque puede que te lance un neumático en llamas encima. Eso mismo he visto que pasa con algunas temáticas esotéricas, en dónde parece que hay algunos que miran la opinión distinta como si fuera la peste negra de la cual es mejor alejarse porque puede que terminen contagiados, manchando su visión impoluta de las cosas. Lo mismo que pasaba con la religión hace muchísimos años atrás parece que ahora pasa también con el Tarot, la astrología o temas relacionados: existen personas que adoptando una actitud extremista se cierran por completo a otros matices e incluso, si es necesario, atacan la visión ajena ya sea con frases llenas de prejuicio o directamente regalando groserias que lo único que dejan en evidencia es su propia ignorancia y falta de argumentos. Yo observo a estas personas y lo que veo es a gente cagada de miedo que está dipuesta a ladrar bien fuerte para que los instrusos que traen verdades nuevas se alejen o al menos no les sigan incordiando. Lo más paradójico es que esa perspectiva o idea nueva no pretende destruir la que tienen ellos sino sumar conocimiento y crear así una fusión que haga aún más robusto el concepto o la idea. Pero no, erre que erre, que ellos no quieren robustecer nada, que prefieren quedarse dónde están, con la casita reformada como la tienen y que nadie venga a agregar un ladrillito o un brochazo de pintura. 

¡Qué no hombre! ¡Qué te largues! ¡Qué no quiero oir cosas que podrían desordenar o resquebrajar mi posición ideológica! ¡Qué no! Que estoy cagadísimo de miedo y no quiero que nadie venga a poner en peligro mi frágil y desnutrido ego que necesita reforzar sus puntos de vista para sentirse mejor. A ver si estoy para que tú vengas con esa actitud criminal a poner en duda siquiera una letra de mis argumentos. ¡Qué no! Que yo me quedo aquí, aunque eso signifique no evolucionar hacia una conciencia superior. 

Eso es lo que diría una de estas personas y eso es lo que dicen porque lo he leído y lo he oído, aunque se guardan la parte esa de que están cagados y que tienen miedo de perder la supremacia de su ego desnutrido. Pero vamos, que eso canta desde aquí y desde 100 kilómetros.

En dónde contrasta aún más este miedo a contagiarse de ideas distintas es en el ámbito de la espiritualidad, en dónde muchos venden un mundo muy hippie, lleno de paz y amor y fotos bonitas con frases de Paulo Coelho; pero luego, a la hora de que les cuestiones su visión profética o la opinión que tienen sobre Dios, sacan un palo lleno de clavos y te lo ponen de sombrero. Entonces, uno queda de piedra porque no se imaginaba que el tipo con turbante blanco, o ese que expulsaba miel de su boca, de repente se haya transformado en Hulk para despedazar todo lo que había a su paso ¿Qué estás insinuando? ¿Qué lo que digo sobre los viajes astrales puede que no sea como yo creo? Pues, a la mierda mi turbante blanco y te van a llover ostias como panes. 

¿A dónde se fue la espiritualidad? ¿Qué pasó con la persona coherente, educada y que regalaba frases edulcoradas llenas de armonía y luz violeta? Pues no sé, se habrá ido a la quinta dimensión porque aquí, en el presente, ni de broma. Aquí, lo que hay es muchos disfrazados de John Lennon y de Gandhi, pero que por debajo del traje tienen a un monstruito que tiene mucho miedo de que le vean el plumero o la cola. Y ojo que yo también tengo mi monstruito pero al menos intento ser directo y abrirme a los demás, sin necesidad de vender el cuento chino del amor y paz. Para que no digan que me lavo las manos como Pilatos.

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