Mr. Robot: Todos somos Hackers || TV & Reflexión.



Mr. Robot es una serie de televisión estrenada en el 2015 con una buena acogida en el público que ha permitido a sus creadores reponer una segunda temporada que se estrenó en julio de este año. El éxito de la serie radica en el hecho de que es quizá la primera que se enfoca exclusivamente en la cultura informática y por sobre todo en la de los hackers, un universo en sí mismo y en dónde se encuentran habitualmente personas muy inteligentes, con una capacidad de análisis asombrosa.

La histora de la serie trata de un chico llamado Elliot, experto en infomática que es capaz de hackear a cualquier persona que se le cruce en su camino. Esta capacidad va acompañada de un carácter taciturno que en realidad oculta una personalidad marcada por la soledad y el dolor que le lleva a ayudar a quienes él cree desprotegidos y atacar o hackear a quienes él cree son peligrosos verdugos para otros. Sin entrar en mayores detalles por si alguien está pensando en ver la serie, debo enfocarme en lo que me llevó a escribir este artículo: la fantástica forma en que está perfilado el personaje de Elliot, el protagonista que enarbola un profundo discurso sobre la privacidad y la forma en que esta se rompe producto del hackeo, que no es solo algo que se aplica en informática sino también a nivel mental cuando las personas se vuelven demasiado predecibles y pueden ser analizadas y atacadas en base a la información que ellas mismas dan de sí mismas a través de sus palabras y sus acciones. Visto así uno podría pensar que no solo existen hackers en informática sino también en la vida cotidiana, como personas en apariencia normales pero que tienen una capacidad extraordinaria para percibir cosas de los demás, hasta los más mínimos detalles, lo que les permite conocer en profundidad su actuar ¿Exisitirá también el hackeo energético o espiritual? ¿La posibilidad de que alguien acceda a tu mundo interno utilizando una serie de herramientas espirituales y emocionales? Yo creo que sí, pero esto no es para nada negativo. Quizá todos somos un poco hackers energéticos con la capacidad de introducirnos en la vida del otro y conocer sus recuerdos o sentimientos para empatizar con el. Desde esta perspectiva lo que definiría a un hacker malo de uno bueno es lo que se hace con la información a la cual se tiene acceso:  violar y destruir o respetar y proteger. He ahí la gran diferencia en el arte del hackeo espiritual que quizá es algo fundamental para conectar con los demás porque mal que mal es la forma en que podemos profundizar en el otro, atravesando sus bloqueos, firewalls y antivirus energéticos que están ahí como barreras a cruzar para conocer realmente al que se esconde detrás de todas esas medidas de seguridad. 

Puede que tú estés ahí observando secretamente, creyendo que eres un hacker con total inmunidad leyendo y analizando al otro pero quizá es tu misma posición de observador la que te delata y deja expuesto frente al hacker más especializado que ya ha registrado tu actuar y sabe cuales son todos tus pasos y ruta por la cual llegaste a la posición en la que estás ahora. Entonces ¿Quién eres tú? ¿El hacker o el hackeado? 

NOTA:

Recomiendo con creces esta serie no solo por ser un interesante thriller informático sino por la profunda reflexión que hace sobre la privacidad versus lo público, algo que como ya mencioné más arriba encaja perfectamente con conceptos espirituales cotidianos y que aplicamos sin siquiera darnos cuenta.

Para ver si te engancha puedes echar un vistazo al video de presentación que he puesto más abajo.





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