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6 de marzo de 2017

Trolls, haters y el diablo en internet || Análisis & Tarot.




De la misma forma en que crece internet lo hace también la participación de los usuarios que intervienen en la red. Así todos nos expresamos cada día más en foros, páginas de debates y redes sociales, lo que es buenísimo porque esta interacción trae consigo aprendizaje y evolución para todos. El problema aparece cuando la conexión masiva trae consigo la libertad de expresión distorsionada, que es cuando alguien cree que tiene derecho a decir lo que le de la gana sin importar si el comentario resulta ofensivo, xenófobo o encaja con cualquier doctrina criminal que lo único que busca es hacer desaparecer de la faz de a tierra a una parte de la población. Eso, agravado por el hecho de que la mayoría de estos comentarios se ocultan casi siempre detrás de un perfil falso o creado directamente para incordiar a otros. 

Yo miro la forma en que crece internet y cómo vamos adoptando un nuevo lenguaje para acostumbrarnos a los nuevos tiempos: ya sabemos que un troll es un personaje que se mueve por redes sociales o lugares de opinión solo para  molestar con el único propósito de pasárselo bien a costa de otros (leer más sobre los trolls AQUÍ). También están los haters que son esos que se levantan por la mañana con ganas de odiar y hacer bullying a alguien. Estos últimos se ven con abundancia en perfiles de actrices, deportistas, personajes de televisión y otros medianamente famosos, en dónde la zona de comentarios de fotos o publicaciones se vuelve terrorífica al ver como algunos sin empacho alguno pueden desear lo peor al otro, bordeando incluso las amenazas de muerte (para leer más sobre los haters AQUÍ). También están los extremistas que todo lo ven blanco y negro y que en presencia de más colores parecen desatar una guerra mundial cibernética. Todos estos personajes han nacido en internet y recuerdan muchas veces los tiempos antiguos en dónde bajo fundamentos poco comprobados algunos sectores de la sociedad se creían con el derecho de juzgar y matar a otros, solo porque sus caprichosas elucubraciones así lo sugerían. Tiempos medievales y tiempos de inquisición que hoy parecen haberse reactivado en manos de un montón de gente que sin rostro ni nombre campa a sus anchas en los ordenadores y redes sociales. Sin embargo, no es que los viejos tiempos estén volviendo. Lo que sucede es que la apertura de internet permite ver con toda claridad un aspecto que siempre hemos tenido como seres humanos y que es el salvajismo espontáneo que no piensa ni razona, que se mueve por puro instinto de la misma forma en que lo hacen los animales. 

He compartido en la portada de este artículo una carta de tarot que encaja perfectamente con aquel aspecto de la naturaleza humana que no tiene un rostro definido y que actúa como si tuviera muchos brazos, escudado en el anonimato que da el ciberespacio. Es una bestia sin forma que puede pinchar y destruir, blasfemar y contradecir con total capricho. El Diablo encaja perfectamente en esta descripción y se transforma en una metáfora de aquella fuerza animal que sin control puede herir sin sentido ni fundamento. Por pura y caótica ignorancia.

La imagen de portada corresponde a un diseño exclusivo utilizado por una marca de ropa. Para visitar la página de la empresa haz clic AQUÍ.

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