La astrología como resultado del proceso cognitivo ||



Si se considera el proceso cognitivo la base fundamental de toda creencia, idea y conocimiento se puede deducir que la astrología es también el resultado de aquello. Entendido eso uno debiera desprenderse totalmente de la idea de que los planetas y sus movimientos por sí solos nos influyen o definen cuando en realidad lo que sucede es que nuestro proceso cognitivo construye una correlación entre ellos y lo que percibimos de nosotros mismos. Así, no es que Marte o Venus me condicionen o digan algo nuevo sobre mí sino que ellos son la proyección de mi proceso cognitivo que adjudica a lo externo una parcela conceptual determinada como forma de organizar la propia personalidad.


Mi vida va peor porque Saturno está transitando en determinada áreal? No, en absoluto, sin embargo el señalar que hay una época de mi vida más densa y mala de lo habitual es un intento por identificar y organizar lo que me sucede, por tanto cada vez que siento esa sensación de que las cosas van mal podré relacionar aquello a la influencia de Saturno. Ahora bien, alguien preguntará ¿Si todo no es más que un proceso cognitivo cómo es posible que coincida el tránsito de Saturno justo con lo mal que me siento? Y la respuesta es sencilla: es coincidencia ya que no todas las personas experimentan la supuesta influencia de Saturno con el malestar o densidad que se le suele adjudicar. Entonces alguien podría preguntar ¿y si el resto de personas que perciben la influencia de Saturno lo hacen de una forma optimista aprovechando su energía? ¿no explicaría eso el porqué hay un grupo de personas que no sienten tu característico malestar? y aquí se expone el dilema: si la influencia de Saturno es tan cambiante y puede influenciar de manera tan opuesta ¿no se parece más a cualquier evento de la vida en donde algunos podrían asimilar momentos difíciles de forma distinta sin necesidad de agregar un significador como es la influencia de un planeta que está tan lejos que no podría alterar nuestra psicología más que la batería de nuestros móviles? La respuesta lógica para un astrólogo frente a este asunto sería: lo que sucede es que las variables astrológicas de la persona le generan cierta predisposición a sentir de forma más liviana o pesada la influencia de Saturno, lo que nos devuelve al mismo dilema anterior ¿cuál es entonces la diferencia entre tener una personalidad llena de matices pero sin significadores y tener una personalidad ordenada según los significadores astrológicos? y la respuesta es sencilla: no hay ninguna diferencia.

Ahora bien ¿el análisis anterior indica que los patrones y significadores estudiados por la astrología son totalmente inútiles? no, en absoluto. Y esto tiene mucho que ver con lo que mencione al principio de este artículo: esas variables fueron creadas por el proceso cognitivo y tienen un significado que permite reordenar la personalidad. Así, saber que Saturno representa un aspecto restrictivo me ayuda conceptualizar los límites de la realidad y de mi propia personalidad, permitiendo así que yo genere una respuesta a ese aspecto. Por ejemplo podría enfrentar las limitaciones con la influencia de Marte, que es el significador para el optimismo y la fuerza que determina la superación y evolución, sin embargo al hacer esto no es que realmente el planeta me esté empujando, inclinando o definiendo sino que es un aspecto de mi personalidad que he identificado con ese planeta el que ha hecho que esté más preparado para enfrentar las limitaciones que asocio con Saturno. Visto así, el planteamiento de la astrología ya no puede desarrollarse en un escenario hipotético y no comprobado como es la creencia de que los astros influyen o definen directamente nuestra personalidad sino que debe dar vuelta la tortilla y entender que nada externo nos influye porque aquello no es más que una proyección psicológica de cosas que nos ocurren internamente y que sí son las que realmente nos condicionan, definen y afectan.

Los astros solo reflejan como un espejo una serie de procesos cognitivos que experimentamos y que solo podemos entender proyectándolos en las cosas que nos rodean. Esto último explicaría el porqué el ser humano ha sentido siempre esa mística resonancia con el entorno ya que el territorio en el que se desenvuelve está lleno de conceptos que él mismo ha puesto ahí ¿cómo no habría de reconocerme en los planetas si ha sido el propio ser humano el que adjudicó a cada uno de ellos un aspecto de su propia personalidad? Cada planeta engloba un concepto simbólico que todos tienen pero esto es totalmente distinto a decir que el planeta nos afecta o define de alguna misteriosa forma. No nos definen los astros sino nuestra propia vida y todas las variables de nuestra personalidad que proyectamos en la astrología y en muchas otras cosas que nos rodean y que nos devuelven como un reflejo la complejidad de nuestro propio rostro. Estudiar los astros no es conocer sino repetir aquello que somos en el exterior a modo redundante e inspirado. 

Imagen de portada: The Witness of the Star, 1893.
Autor: Ethelbert William Bullinger.

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