El ocaso de las creencias || Adiós a la Era de Piscis.



Desde hace ya varios años vengo oyendo comentarios sobre el fin de la Era de Piscis, un extenso período de tiempo caracterizado por la frase "Yo creo" en dónde la espiritualidad se expandió y emergieron de forma increíble multitud de religiones y nuevos caminos para encontrarse con uno mismo y con algo místico e incognocible. Más allá de las comprobaciones astrológicas y de revisar si en el cielo se certifican dichas afirmaciones, lo cierto es que los últimos años han sido precisamente así: muy católicos, cristianos, mormones y muy mucho de todo tipo de credos. Tanto así que en un momento la fe se expandió incluso hacia el terreno esotérico con la consiguiente multiplicación de ideas, algunas más irracionales que otras respecto al alma del hombre y sus capacidades amparadas en la superstición. Sea como sea que haya sucedido todo no se puede negar que existe cierta sincronía simbólica entre la creencia de la Era de Piscis y lo que últimamente ha estado pasando en el mundo. 

La Iglesia Católica pierde fuerza y lentamente se transforma en un credo común producto de que muchas personas empiezan a dudar de sus directrices. Sin embargo no han sido los católicos los únicos que han sufrido esta falta de popularidad y pérdida de adeptos que buscan nuevos caminos para experimentar su emoción: otras religiones igual de importantes han visto este descenso de interés y el alejamiento de miembros que han ido en busca de caminos alternativos, de una espiritualidad más moderna y flexible en dónde se les permita la libertad que el dogma puro nos les deja tener. Llegó entonces la libertad de creer, se nos dio permiso para inventar dentro de lo abstracto multitud de ideas basadas en la imaginación, emergieron los conceptos de karma, chakras, canalización, guías espirituales y maestros ascendidos. Ya no estábamos en una sola dimensión sino en tres, cuatro y un montón más, eramos seres multidimensionales y envueltos en el éxtasis comenzamos a olvidar los asuntos terrenales. Yo llamaría a esta etapa La Gran Era Psicodélica, un tiempo en dónde el arte, las divagaciones mentales eran pan de cada día. Todas las semanas alguien tenía una idea distinta sobre los seres elementales, los portales dimensionales, los pleyadianos, los arcturianos y los visitantes de galaxias más lejanas. Así, sin apenas darnos cuenta la vida se convirtió en una especie de Star Wars espiritual, en dónde el ser humano era el centro de una gran historia cósmica. Como una película de ficción en dónde los mecanismos imaginativos e inspirados de piscis nos envolvían en espejismos que nos aislaban de la realidad. Mientras tanto en el mundo las cosas transcurrían de la forma habitual: la economía, las guerras y los mismos conflictos de siempre en dónde un ejército de espirituales acérrimos esperaban combatir el mal solo con el poder del pensamiento y la meditación, hasta que se dieron cuenta que eso no era suficiente y que creer en un mundo mejor no era suficiente para que ese mundo mejor llegase.

La Era de Piscis, la era del "Yo Creo" empieza entonces a agonizar, dejando entrever sus falencias, que son esos huecos vacíos que deja en el camino lo irracional y lo que no se puede demostrar, territorio fértil para charlatanes, falsos gurús y un ejército de personas que escondidas detrás de la espiritualidad acechan al incauto y a cualquiera que viva en una burbuja de fe ciega. Entonces las creencias empiezan a debilitarse y el intelecto gana terreno ayudando a aterrizar a todos aquellos que suspendidos en los aires se habían desprendido completamente de sus labores diarias, transformándose en hippies del alma, llenos de amor pero sin mucha lógica ni responsabilidad. Emerge entonces un nuevo ser humano más equilibrado, que sabe utilizar la imaginación pero en la justa medida, apenas como el motor deductivo de la razón que ahora se posiciona gradualmente en la sociedad y ayuda a descorrer el velo de las creencias que durante tanto tiempo nos cegaron de todo lo que quedaba por hacer. A lo lejos un mundo semidestruído espera su reforma  sin ayuda de pleyadianos o arcturianos y sin herramientas de otras dimensiones. Solo con sentido práctico y la metodología científica digna de la Era de Acuario.




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