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12 de mayo de 2017

El maquiavélico juego del Diablo || Reflexión & Tarot.



La relación simbólica entre la carta de tarot El Diablo y las relaciones sentimentales superficiales parece tener un contexto histórico justificado a través del aspecto religioso que siempre ha visto en aquel símbolo lo prohibido y pecaminoso. El historial prejuicioso de la carta se arrastra desde décadas pero hoy en día sus interpretaciones se hacen cada vez más frescas y renovadas. Ya no es solo un demonio ni la encarnación del mal sino puede referir a un aspecto caótico de la existencia, algo contrario al orden natural de las cosas. 

Lo que sale de lo habitual podría considerarse territorio de esta carta, así en el ámbito de las relaciones sentimentales cualquier cosa que se parezca poco a algo estable y digno de matrimonio vendría a encajar a la perfección en el símbolo. Relaciones turbias, envueltas en pasiones que ciegan y hacen perder el control, amores turbulentos en dónde parece que el dolor se transforma en un ingrediente más de algo que al mismo tiempo produce placer. Encuentros fugaces y a escondidas en dónde también suele haber un trama de engaños y mentiras hacia terceras personas, triángulos amorosos, orgias y una larga lista de desviaciones que se alejan por completo de la forma más ortodoxa del amor. Todo eso y más se incluye dentro del elemento anárquico de esta carta que fácilmente podría confundirse con el ímpetu de El Loco pero que difiere de este porque su pulsación proviene de los instintos más bajos mientras que el despistado loco se pierde no por afán infernal sino por puro e ingenuo desorden. Es que al El Diablo nadie le gana en astucia y enrevesadas estrategias maquivélicas.











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