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25 de febrero de 2018

Saturno y el cronómetro sobre mi cabeza.

Saturno Dios

Empecé este año con la sensación de que me quedaba poco tiempo. Obviamente es una percepción y pienso que proviene de un sentido de responsabilidad hacia la vida. No soy ni tan joven ni tan viejo pero definitivamente ya soy un adulto y estoy en una edad en donde empiezo a pensar en el futuro y en las cosas que me faltan por cumplir. De repente he imaginado que tenía un cronómetro sobre mi cabeza en donde se iba descontando el tiempo y pensaba que no tengo cientos de años para terminar lo que tengo pendiente. Esta imagen tétrica y a la vez severa es un baño de realidad que me invita a ponerme aún más las pilas y aterrizar completamente en el mundo, aplicándome con voluntad en las cosas que hago.

Miro a mi alrededor y veo a personas atrapadas en bucles emocionales, volviendo siempre a las mismas historias como si tuvieran mil años de vida para finiquitar y cerrar ciclos. Entonces me pongo a pensar en si ellos son conscientes de que mientras divagan en aquellas cosas la vida se les escapa. Pierden el tiempo que les queda en llorar, quebrarse la cabeza pensando en si las cosas deberían haber sido de forma distinta, rememorando viejas glorias y sintiendo nostalgia por su pasado, sin fijar la vista en el futuro. Entonces vuelvo a mirar sobre mi cabeza el cronómetro y el Señor Saturno me mira con rostro severo recordándome que no hay mucho tiempo para pajas mentales. Solo lo justo de problemas para no quedarse atrapado en ellos. Porque hay mucho por hacer y es indispensable soltar lastre para continuar ya que la vida no es tan larga como pensamos. Incluso si viviésemos tanto como el hombre más longevo del mundo que murió a los ciento trece años, ese tiempo seguiría siendo un suspiro en el Universo en donde todo sigue hayamos o no terminado nuestra misión en este planeta. Saturno no está para bromas ni tiene paciencia, él pone el acelerador y nos envía las arrugas y las canas, nos acerca un poco más a la muerte para que el temor nos haga exprimir la vida que nos queda.

A Saturno no le puedes decir que te espere. Si lo haces te mirará con desprecio y te dará un puñetazo para que espabiles. Luego te dará otro puñetazo solo para recordarte que aparte de quedar poco tiempo eres un perezoso que debe aprender a actuar de forma resolutiva. Así es el Señor Saturno, restrictivo y duro como una piedra. Inflexible pero sabio. Te quiere y te da latigazos por tu propio bien aunque tu creas en la mayoría de los casos que te odia y quiere destruirte. Es el padre que nadie quiere tener pero que todos deberíamos tener, para recordar que la vida no es eterna y que el tiempo apremia, nos mata y transforma en recuerdo.

NOTA

En astrología Saturno representa un aspecto restrictivo que actúa en nuestra personalidad templando el carácter ante las adversidades. Para muchos su influencia es de maestría ya que nos empuja a encontrar nuestras aptitudes ocultas, sentar cabeza y madurar. Quienes se resisten a su influencia no vencen por mucho empeño que pongan porque no entienden las inmutables leyes que hay por encima de la voluntad humana. Luchan de forma utópica contra algo que jamás podrá ser vencido, sin entender que hay un vacío y silencio que los mortales no pueden alcanzar. En el Tarot muchos suelen identificar a Saturno con la carta de El Ermitaño, en cuya imagen se observa a un hombre de aspecto envejecido y lleno de experiencia, con pinta de padre severo y sabelotodo, ajeno a la sociedad y a nosotros mismos. Un dios que desde lejos parece que nos desprecia pero que secretamente nos quiere, de una forma incomprensible y compleja. Dolorosa quizá.

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