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18 de marzo de 2018

España está que arde: al loco no se le perdona todo

El loco Rider Waite


Aquí en España se está hablando mucho de la censura y a algunos les preocupa que volvamos a épocas de represión al ver cómo en este último tiempo se ha enjuiciado a personas que enarbolando la bandera de la libertad de expresión se han mandado frases potentes y controvertidas que a más de alguno han dado alergia y estupor. La historia de un chico juzgado por escribir un tweet o la de un rapero mallorquín que debe ir a prisión por las letras de sus canciones que según la justicia son un enaltecimiento del terrorismo además de amenazas directas en contra de políticos y otros personajes del mainstream, son uno de tantos ejemplos que han aparecido y que ponen sobre la mesa el debate de la libertad de expresión y sus límites.

Yo hice mis pinitos y me puse a investigar. Leí mucha información de distintas fuentes para contrastar y aunque parezca increíble algo de razón encontré al estupor que algunos habían mostrado hacia las palabras de aquellos que envueltos en pasión habían dicho tal o cual cosa en contra de fulanito o menganito. En el caso del rapero me puse a leer sus letras y sentí que estaba cruzando un límite que iba más allá del arte y de lo que sabemos es el rap (duro y contestatario) para transformarse directamente en una retahíla de amenazas que no eran para nada suaves, echando mano incluso de organizaciones terroristas e incentivando la revolución a punta de hachazos y metralleta, literalmente. 

Me considero un defensor de la libertad de expresión pero me pregunto si ella es justificante para decir lo que nos dé la gana o si es legítimo permitir la locura bonita y contestataria sin ponerle límite alguno. Siendo empático y poniéndome en el lugar del otro pienso que a veces hay que restringir y matizar ese aspecto salvaje y que va a su bola, no tanto porque yo sea un cobarde sino porque la experiencia me ha enseñado que las palabras hieren incluso a nuestros enemigos, avivando más el conflicto.  Entonces no me parece una estrategia muy inteligente eso de putear al otro para ver si así arreglamos el mundo. Hablando en términos de tarot, no me parece que El Loco deba sentarse en el trono de El Emperador para hacer y deshacer a diestra y siniestra. Cada uno debe estar en su sitio y actuar de acuerdo a su área de acción.

Mucha gente se llena la boca con la libertad de expresión y se llaman a sí mismos defensores de los valores más profundos del ser humano pero de seguro si alguien insultara en nombre de la libertad de expresión a sus madres y a sus muertos poco de paz y amor les quedaría. Al instante aparecería la bestia que esconden para ir a devorar al otro. Por eso al loco no se le perdona todo y de vez en cuando alguien le para los pies, para recordarle que no es la única carta en la enorme baraja en la que vivimos. 

¿Y tú, permitirías en nombre de la libertad de expresión que alguien te insultara o deseara la muerte independiente de tu sexo, color político o ideología? ¿pondrías límites a la libertad de El Loco?

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