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15 de abril de 2018

El Tarot no funciona para todos: acéptalo



En uno de los foros en los que participo una persona expresó su decepción con el tarot. Con educación y elegancia explicó, cómo en su caso, los tarotistas con los que se atendió no le habían acertado nada. También mencionó cómo había conocido a otras personas en condiciones parecidas a ella. Hasta ahí la cosa iba más o menos bien, hasta que dijo en tono de sentencia y con una soltura pasmosa: El Tarot no funciona. 

De nada sirve culpar al consultante


Evidentemente si estás en un foro de tarot y dices que el Tarot no funciona, a más de alguno se le van a erizar los pelos. La gente se te va a tirar encima. Algo parecido a lo que sucedería si yo en mi condición de ateo me fuera a meter en plan kamikaze a una iglesia para gritar ¡Dios no existe! 💣😈

Por lo mismo, lo que vino después era predecible. Algunos colegas arremetieron contra la persona, porque consideraban que estaba desprestigiando la profesión. La persona en cuestión reaccionó, como era de esperar, con mayor dureza. Y en vez de silenciarla, lograron que la opinante se mostrase aún más reticente a dejar el tema. Algo muy normal y que de seguro todos haríamos si alguien nos intenta hacer callar.

Una vez que el problema ya estaba servido, empezó un tira y afloja en donde ambas partes, tarotistas y persona decepcionada con el tarot, repetían una y otra vez sus argumentos. Los tarotistas trataban de responsabilizar a la persona por la mala suerte que había tenido. Otros más creativos le decían que eso le había pasado por obsesionarse con el tarot. En rigor, le echaban la culpa por haber tenido tan mala experiencia. Algo poco recomendable, por supuesto.

Un poco de equilibrio


Ahora bien, también hay que admitir que la persona decepcionada con el tarot repetía como una grabadora lo mal que lo había pasado. Pero no es para menos, si durante largos años te la has pasado de tarotista en tarotista, sin que nada te haya salido bien. Un poco rayado te quedas.

Dentro de todo el jaleo yo intervine y le expliqué a la persona que su opinión era respetable, sin embargo, no podía considerarse una verdad irrefutable. Esto, porque su experiencia es ínfima en comparación a otras personas que piensan que el tarot si es útil. Eso, a nivel de estadística es completamente lógico y evidente.

En ese momento la persona entró en razón y admitió que algunas cosas no funcionaban para todos. Entonces le expliqué el caso de la Terapia cognitivo conductual. De cómo podía ayudar a muchas personas pero al mismo tiempo ser inútil para otras. Algo curioso, considerando que esa terapia tiene un amplio respaldo de la ciencia. Incluso con todos sus estudios y seriedad no logra ser efectiva en todos los casos.

Le expliqué a la persona lo cuidadoso que hay que ser a la hora de decir qué funciona y qué no. Ya que eso depende exclusivamente de la experiencia personal con determinado método o sistema. En ese caso, lo correcto es indicar que algo no nos ha funcionado y que no tenemos certeza de que esto aplique para el resto de personas. Es decir, debemos evitar la generalización y el meter a todos en el mismo saco.

El problema es la desinformación


Por otro lado, es importante revisar la actitud de algunos tarotistas. Apedrear a un consultante decepcionado no es la mejor idea. Tampoco se pueden adjudicar juicios gratuitos sin conocer a la persona. No se le puede llamar obtusa, obsesa o amargada.

Es importante analizar el caso de forma particular y observar si la decepción del consultante se produce por desinformación. Muchas personas enfadadas con el tarot tienen expectativas demasiado altas respecto a una lectura de cartas. Y eso es porque, en la mayoría de los casos, se les prometen cosas irreales. A eso hay que sumar la enrevesada jerga que se usa en el ámbito esotérico. Entonces, el resultado es un consultante que además de decepcionado está cabreado. Porque observa como el tarot está plagado de muchos supuestos y pocas verdades confirmadas.

En ese caso, nuestra tarea no es machacar al consultante sino explicarle cómo funciona realmente el tarot. Indicar cuáles son los límites de una lectura de cartas y qué se puede esperar de ella, sin falsas pretensiones. Para que así, al menos, el consultante sepa a qué atenerse.

Ante la queja y el reclamo, los tarotistas no debemos devolver el golpe. Tenemos que pensar de manera práctica y aceptar que el tarot no funciona para todos. 

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