El Manifiesto de La Muerte || Cuentos Terapéuticos





Si me presento puede que el querido lector sienta terror. Si este es mi manifiesto no es para asustar al incauto sino para dejar en claro mis pretensiones y evitar así futuros malentendidos. La cortesía es bienvenida en estas tierras secas y nunca está de más estrechar la mano entre enemigos para establecer aunque sea por un instante un acuerdo que deje huella en la memoria de los que compartimos esta sucia tierra llena de máscaras.

Puedo empezar por hablar de mi historia pero en realidad desconozco mi origen y siendo sincera tampoco me importa. Si me debo presentar omitiré los ridículos disfraces que ustedes desesperados habéis tratado de ponerme. No soy una calavera envuelta en una túnica negra ni voy armada con una guadaña en busca de cabezas que cortar. Me hace gracia la increíble imaginación que tenéis y celebro el respeto con el que me miráis. En ninguno de los reinos que he transitado me han prestado tanta atención y si tuviera que elegir seres más entregados y fieles os elegiría a vosotros por vuestro insoportable miedo a las cosas. Me produce curiosidad y quiero entender qué es lo que os lleva a temerme pero siempre llego a la misma conclusión: sois ignorantes y no sabéis quien soy porque en realidad no sabéis quienes sois vosotros. Me teméis a mi más que a vosotros mismos y para mi no sois más que un montón de hipócritas del demonio. Sea como sea, no soy lo que vosotros queréis que sea: soy todo lo contrario. Lo que cada uno niega de sí mismo o ese tenebroso rincón del corazón que se pudre cada día más esperando el desenlace final ¡Soy vuestra angustia y desesperación! Pero lo que más me encanta es que soy vuestra amiga eterna.

Por momentos pierdo la paciencia y camino tranquilamente entre vosotros. Juego a esconderme detrás de vuestras ropas o en un rincón oscuro de la casa. Os miro a través del espejo cada vez que tratáis de animaros por las mañanas. Me he escondido en tantos sitios que ya ni siquiera los recuerdo todos. Me escondí en el sexo de la humanidad y en sus ideologías, en la inquisición, en la cabeza de los dictadores y en la despedida de los héroes muertos. La humanidad tiene una gran deuda conmigo ¡No tendría héroes si no fuera por mi! Repugnantes ratas que acechan en la noche, me quitan los créditos como prestidigitadores expertos. Rehuyen de mi palabra y se llenan sus hocicos animales con bellas palabras y discursos acompañados de plegarias aún más cruentas ¿Cómo esperáis que me vaya de vuestro lado si ni siquiera me habéis devuelto la mano con honor cuando mi trabajo se ha vuelto desesperadamente aburrido? No me hagáis enfadar porque puede que un día deje de trabajar.

Quién me contrata nunca ha dado la cara. Mi trabajo es oscuro y tormentoso. Mucho se parecen a mi los cazarecompensas que por un precio acordado acechan en medio del mundo a la presa ignorante y dispuesta a chillar como un cerdo. Yo debería ser el dios de los cazarecompensas pero cuidado que no me gustan los aduladores! Que me declaren dios pero sin aspavientos ni fuegos artificiales, por favor. Que mi llegada sea silenciosa y elegante, que apenas me veáis el vértice de la cara y que vuestro espanto se transforme en el último suspiro para luego entrar en la noche eterna.

Yo no vengo en nombre de nadie. Participo del teatro y soy uno de los personajes. Soy el extremo de una vida aborrecible y si tratáis de amarrarme el mundo se cae a pedazos y la alegría se convierte en veneno mortal para todas las especies. Debo ser alguien importante porque cada vez que he querido suicidarme se me corta la cuerda, no es suficiente la altura desde la cual me lanzo o la herida no es todo lo profunda que debe ser ¿Quizá alguien me protege porque no quiere que desaparezca? Eones de tiempo pensando me hacen creer que más allá del teatro en el cual participo no soy más que una idea, un sentimiento que ha tomado razón de su objetivo: una fuerza inexpugnable y divina que solo es un eslabón de una enorme cadena negra y destructiva. Cierto día y en uno de mis tantos intentos de suicidio pude ver el otro extremo de la cadena y me dí cuenta que cambiaba de color: blanco creo que le llamáis. Eso es lo que me mantiene inquieta por las noches y es la única razón por la que sigo buscando una respuesta a mis delirios. Entonces busco a la humanidad pero ella huye de mi.

NOTA:
La imagen de portada y las que comparto aquí abajo corresponden a una escultura de bronce conocida popularmente como Ángel de Haserot que se encuentra ubicada en el cementerio Lakeview de Cleveland (Estados Unidos). También se le conoce como El ángel de la muerte victorioso.


NOTA: Cuentos Terapéuticos es una sección abierta para todo tipo de relatos que permitan al lector revisar, analizar y cuestionar las verdades que conoce, dando matices o renovando su propia forma de mirar y sentir las cosas. Posicionándose en la vereda del rechazo, la aprobación o el insulso punto intermedio de aquellos que no se decantan. En rigor, cuentos para remover y para cuestionar.

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