Doce signos zodiacales en una sola personalidad ||




Siempre he visto los doce signos zodiacales como un sistema estructurado que divide la personalidad en pequeñas parcelas conceptuales que permiten entenderla mucho mejor. De la misma forma en que hace siglos Hipócrates propuso la Teoría Humoral en dónde pretendía catalogar a las personas a través de una correlación entre el líquido que predominaba en ellos (bilis negra, bilis amarilla, flema y sangre) y su temperamento, la Astrología motivada por esa misma sed de conocimiento busca una correlación entre el movimiento de los planetas y los doce rasgos fundamentales y distintivos que defiende. Y aunque aún no ha habido forma de demostrar racional y lógicamente que exista dicha conexión planetaria aún así los signos zodicales siguen siendo el bastión principal para entender el juego de la personalidad que en una carta natal se manifiesta como una danza de aspectos diversos que a veces se complementan y otras veces luchan entre sí. Ascendente, luna, cuadraturas y trígonos se traducen como movimientos de la psique, cambios internos que modifican nuestras vidas y certifican lo acertado que puede ser su análisis para quién sepa unificar y entender todos esos aspectos en una sola persona.

Entonces si cada signo zodiacal representa un aspecto de la personalidad de cualquier ser humano, podremos entender que sus doces descripciones se manifiestan en nosotros según el equilibrio que nuestro entorno social y medioambiental haya forjado. Algunos tendrán una clara influencia ariana, manifestando la pasión y el orgullo de la vida por haber nacido en circunstancias duras que exigían un fuerte sentido de sobrevivencia mientras que otros rodeados de la protección y ambiente cálido estarán dominados por la sensibilidad de cáncer que busca siempre un refugio y hogar. Aceptar en este caso la influencia social y medioambiental explica el porqué muchas veces se intenta adjudicar un signo solar a una persona que en realidad no se siente identificada con el sino con otras variables como son su ascendente o su luna ¿te ha pasado que leyendo la descripción de tu carta natal observas aspectos predominantes que tú no reconoces como esenciales en ti mientras que otros muy discretos y secundarios sí parecen formar parte de tu yo principal? esto sucede porque en realidad siempre habrán fragmentos de los doce signos zodicales en nosotros pero no todos estarán en la misma cantidad, incluso más allá de lo que la carta natal exprese como orden jerárquico de la personalidad. Para muchas personas esa propuesta de orden no es acertada en la práctica, sin embargo si reordenan el informe astrológico a su gusto verán que allí encuentran aspectos reconocibles distribuidos de una forma más coherente y acertada.

De la misma forma en que puede haber una persona con un acentuado carácter capricorniano sin tener su sol en capricornio así también habrá alguien que tenga el sol en aries con ese aspecto pasional y fogoso casi en extinción debajo de variables mucho más melancólicas o frágiles de algún signo de agua. De ahí la importancia de aprender todas las combinaciones zodiacales para así entender el orden de nuestra propia personalidad y la forma en que ella emerge como un ejército de patrones dominantes y secundarios que como soldados se expresan según el mandato de aquel signo zodicial o aspecto de personalidad que más abunda.

Más allá del orden que establezca una carta natal uno debiese considerar todos sus elementos y descripciones útiles, sin embargo deberá siempre cuestionar y reestructurar ese orden para así verse realmente reflejado en el, incluso si eso significa poner patas arriba la propia carta natal. Con esto no se menosprecia el trabajo de un astrólogo ni se pasa por alto el orden que él nos sugiere pero sí se le da importancia total a nuestra verdadera percepción respecto a nosotros mismos que vale más que una correlación astral que por ahora sigue sin comprobarse empíricamente.














































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